Ya os habíamos hablado de Libranda en otras ocasiones. Tras muchos retrasos y noticias confusas, por fin se ha puesto en marcha este portal dedicado al ebook, el primer intento serio por parte de las grandes editoriales para consolidar el mercado del libro electrónico en castellano. Tras unas primeras semanas erráticas, con páginas en construcción y servicios inacabados, el portal ofrece ya un aspecto más o menos definitivo, con información útil tanto para los lectores como para los editores.
Hay que aclarar, aunque ya lo indicamos en su día, que Libranda no vende libros electrónicos directamente al público. El comprador debe pasar por una tienda (real o virtual), que esté asociada a Libranda. Así, Libranda ejerce de proveedor y las librerías siguen ejerciendo su papel de distribuidor. Algunas de las tiendas que ya venden ebooks a través de este servicio son Casa del Libro, FNAC o El Corte Inglés. Por supuesto, en el portal de Libranda podéis consultar el listado completo de tiendas.
Nuestras sensaciones respecto a esta iniciativa son dispares. Es una buena noticia que las grandes editoriales hayan cogido el toro por los cuernos y se hayan ocupado de ofrecer una plataforma global, con vocación de crecer e incorporar a todo aquel autor o editor que quiera formar parte de la iniciativa. Asimismo es bueno comprobar que por fin se pueden obtener en formato electrónico novedades editoriales y obras de fondo editorial que hasta ahora era imposible conseguir, al menos legalmente.
Pero por otro lado quedan muchas incógnitas que despejar. El catálogo debe crecer enormemente -a día de hoy no llega a los 1200 títulos-, pero sabemos que eso es cuestión de tiempo. Más peliagudo es el tema de la protección contra copia. El famoso sistema DRM -ver artículo en nuestro fanzine nº 10- impide, teóricamente, que un libro electrónico comprado por un consumidor pueda ser copiado y distribuido a otros, evitando así la piratería. En la práctica los sistemas DRM usados en vídeo o música se han mostrado doblemente ineficaces. Por un lado la gran mayoría de ellos han sido saboteados, de manera que los hackers han conseguido encontrar métodos para duplicar contenido teóricamente protegido. Pero lo más grave, los sistemas DRM son un cúmulo de molestias y problemas técnicos para los compradores legales. El comprador que paga por un libro y no puede leerlo en algunos dispositivos, que no puede imprimirlo, o que simplemente no lo puede prestar a un amigo, como haría con cualquier libro impreso, suele tener la sensación de que no recibe todo lo que debiera por su dinero. El gran peligro, por lo tanto, es que el sistema de protección de derechos digitales acabe por ahuyentar a buena parte de los potenciales consumidores de libros electrónicos.
Hará que esperar a ver cómo reciben esta iniciativa los lectores. Próximamente publicaremos en este mismo blog una entrada sobre el proceso de compra, los precios y los aparatos lectores que se pueden utilizar con este nuevo portal. Será una información práctica y útil para aquellos de vosotros que os planteéis si merece la pena o no comprar un libro electrónico.







