Llevamos más de un año con la amenaza de que el libro electrónico está a punto de imponerse en el mercado, pero sigue sin ser una realidad más allá de algunas declaraciones de intenciones por parte de los editores, y casos aislados de compradores que se hacen con la última novedad en aparatos lectores de e-books sólo para descrubir que la mayor parte del catálogo editorial en castellano simplemente no existe en formato electrónico.
Pero parece que esto va a cambiar en los próximos meses. Según leemos hoy en El Periódico, en las próximas navidades aparecerá el primer catálogo importante de libros electrónicos en castellano y catalán, con unos mil títulos. Y para el mes de mayo del próximo año está prevista la aparición en el panorama de los e-books de tres pesos pesados de la edición: Random House, Planeta y Santillana.
En principio es una noticia alentadora. Pero lo preocupante del tema está en algo que ya intuíamos, y que mencionamos en una entrada anterior en este blog. Parece que los editores están dipuestos a que el libro electrónico tenga un coste de sólo el 70% del equivalente en su edición en papel. Por poner un ejemplo: la última novela de Isabel Allende, que de momento sólo puede adquirirse en tapa dura, tiene un precio de unos 24 euros. En formato electrónico quedaría en aproximadamente 17 euros. Si pensamos que en la mayoría de casos el libro electrónico carecerá de soporte físico, y sólo compraremos unos cuantos kilobytes de información, el precio parece desproporcionado. Tal vez la industria editorial debería echar un vistazo a la que ha sido su predecesora en el cambio de modelo de negocio: la musical. En ese ámbito las diferencias entre el precio de un CD físico y el equivalente electrónico ronda el 50%, y aún así el éxito de este modelo es aún incierto. Habrá que esperar a los próximos meses para ver en qué cristaliza tanto ruido.
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