Ya lo anunciábamos hace casi dos meses, en la frase con la que abriamos una entrada sobre la nueva novela de Saramago, Caín. Decíamos entonces:
Aparecerá en octubre, y amenaza con crear polémica.
Y vaya si la ha creado. Que la Iglesia Católica pondría al ganador del Nobel a caer de un burro, era previsible. Pero que, Mario David, un eurodiputado portugués haya pedido que Saramago renuncie a su nacionalidad lusa, supera la barrera del disparate para situarse directamente en los terrenos de la desfachatez. La Iglesia tiene perfecto derecho a protestar ante una obra que lanza un mensaje que resulta contrario a sus creencias e intereses. Pero resulta intolerable que un político que, supuestamente, debe defender los derechos de los ciudadanos de su país, pida precisamente a uno de ellos que deje de serlo por el mero hecho de haber utilizado uno de esos derechos: el de la libre expresión.
El señor eurodiputado tiene, como todo hijo de vecino, derecho a decir lo que piensa de la obra de Saramago. Incluso puede decir que Saramago es un mal escritor, una mala persona, o lo que le venga en gana. Pedir que deje de ser ciudadano portugués por lo que ha escrito, se mueve entre los cenagosos terrenos de la censura, la represalia política, y la doctrina del pensamiento único.
Lo que causa aún mayor estupor es que fuera precisamente Mario David el que organizase una pequeña bronca hace apenas quince días en la Eurocámara, al denunciar una supuesta maniobra por parte de PRISA para silenciar un informativo de la TV1 italiana. Las palabras que utilizó el eurodiputado para calificar dicha acción fueron “flagrante violación de la libertad de prensa”. Pedir a un escritor portugués que deje de serlo por haber escrito un libro, ¿qué tipo de flagrante violación es?
Saramago, a quien suponemos le resbalan las críticas de los católicos, independientemente de que luzcan tiara o sean seglares con escaño, reclama su libertad para “responder [a las insolencias reaccionarias de la Iglesia católica] con la insolencia responsable de la inteligencia”. Palabra de Nobel.
Una respuesta to “La insolencia de la inteligencia”
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Noviembre 4th, 2009 at 12:08
[...] más conservadores y religiosos de Portugal. Por la excepcionalidad e incendiario de lo escrito, dios debió ponerse en contacto telefónico con un eurodiputado portugués, para comunicarle su irritación y su malestar con el libro de su compatriota, y éste [...]